Los hilos invisibles que tejen la tarde han envuelto tu rostro,
la luz penetra lo secreto de mis pensamientos,
la luz se vuelve sombra en mi cabeza.
Gira y gira con el Leit Motiv de unos ojos que no conozco,
de una sonrisa que nunca escucharé.
Ya no es lo posible, ni serán canciones, enojos y besos.
Ya nunca, más nunca, la palabra detonará la acción, tú acción.
No sé, no te conozco, te lamento, ...te pienso en función de los otros,
los otros que te aman y te amarán siempre.
El futuro se aniquila sin razón,
no lo entiendo, no puedo ni quiero,
preciso buscar en las estrellas la lógica que se agota como el agua,
ya no entiendo muchas cosas, pero sigo,
ya no tolero muchas pero persisto.
No es la muerte, es el dolor, es la rabia y la impotencia..
No es la muerte, es que se van a veces sin avisar,
sin comprar boleto de regreso.
Se van grandes y chicos, algunos quieren,
otros no se dieron cuenta...
Y de pronto sé que todos los caminos la persiguen,
todos los pensamientos la guardan...
me resigno.
Nocturna, mas no funesta, de noche mi pluma escribe, pues para alabanzas, hora de Laudes, elige. S. Juana Inés de la Cruz
lunes, 1 de julio de 2013
domingo, 16 de junio de 2013
Las lecturas
Es curioso como una lectura llama a otra y esta a su vez a otra o a otras. Esa es la maravilla de los textos: nunca están solos, siempre quieren compañía. Inicié leyendo algo de Nadine Gordimer, y no sé por qué razón empecé otro texto de José Gordon, que se llama "El cuaderno verde, entre el azar y el destino", una colección de algunos artículos publicados. Este a su vez me remitió al libro de Paul Auster, El cuaderno rojo, Historias verdaderas. Como podrán sacar por conclusión, muchas historias tienen relación con el azar y esas situaciones tan sorprendentes que a veces nos suceden. En este momento que redacto esta entrada, me doy cuenta que yo también, en este juego textual, entré en el juego del azar. Mi memoria no es tan prodigiosa como quisiera. Empecé a leer el libro de Gordon hará un mes, me agradaron las historias y me enganché con él, punto. Hace unas semanas fui a la librería Universitaria a seleccionar mis libros producto de un vale que año con años nos otorgan. Como todo los años, la cuestión es seleccionar los textos que más te interesen para cubrir los mil pesos que cubre el vale. Empecé a buscar textos académicos pero principalmente libros que tengo ganas de leer este año. Encontré algunos textos de Paul Auster y recordé vagamente el nombre, es todo. Seleccioné el que más me agradó por lo que decía la contraportada. Hasta ahí. Hace una semana empecé a leer el Cuaderno Rojo y recordé los referentes del libro de Gordon, pero no es hasta este momento, que leo otra vez la introducción al Cuaderno Verde, que me doy cuenta que la alusión al Cuaderno Rojo de Auster es la clave del de Gordon. ¿Por qué seleccioné justamente el Cuaderno Rojo, habiendo tantos textos de Auster en la librería? no lo sé, ¿Será el azar y el destino que me hizo elegirlo?
sábado, 15 de junio de 2013
Que la vida sea el aspirar del jazmín por la tarde,
y unas estrellas tímidas iluminen un sendero amarillo.
La escena en cada ojo atento,
en cada gesto ...en cada enojo, en cada nervio.
Siempre el inicio se concatena con el fin,
y la rueda de la fortuna continúa;
opuestos por el vértice los sueños,
dialécticos en el corazón de las ideas.
Un motor que no se canse,
un empuje sin inercia,
la risa a la vuelta de la esquina,
el coraje como llamarada de petate,
hacer, hacer y hacer....
sentir siempre...
ser feliz el mandato divino
hacer felices el don interno.
Felicidades a los alumnos que hoy se gradúan...fue un placer y un aprendizaje tenerlos en esta Universidad de Sonora, que es su Alma Mater por siempre.
y unas estrellas tímidas iluminen un sendero amarillo.
La escena en cada ojo atento,
en cada gesto ...en cada enojo, en cada nervio.
Siempre el inicio se concatena con el fin,
y la rueda de la fortuna continúa;
opuestos por el vértice los sueños,
dialécticos en el corazón de las ideas.
Un motor que no se canse,
un empuje sin inercia,
la risa a la vuelta de la esquina,
el coraje como llamarada de petate,
hacer, hacer y hacer....
sentir siempre...
ser feliz el mandato divino
hacer felices el don interno.
Felicidades a los alumnos que hoy se gradúan...fue un placer y un aprendizaje tenerlos en esta Universidad de Sonora, que es su Alma Mater por siempre.
jueves, 23 de mayo de 2013
Nos vamos apropiando de los objetos, de la gente y de los espacios. Vamos incorporando la tarde y el viento suave del verano. No hay necesidad de nada más. El nosotros se vuelve yo cuando menos lo imaginas. Hago entonces lo que se necesita, camino de un lado a otro regando cada planta. Ellas dependen de mí. El agua escasea, pero ellas necesitan vivir y nosotros las necesitamos a ellas. Estoy en este aquí y ahora que nunca pensé y construyo el espacio que no será mío, la sombra de otros, la conciencia de alguien más. Soy eslabón temporal y nada más. La lucha es contra mí, contra la estulticia que a veces me cubre, contra la dejadez y la apatía que trato de sacudirme...contra ese escalar a una cúspide que termina en un salto al vacío infinito. ....Aquí y ahora dicen los de teatro.....eso no es fácil. ¿Lo saben ellos?
lunes, 18 de marzo de 2013
miércoles, 13 de marzo de 2013
Pasamos rápidamente por el semáforo
de la Rosales. El miedo no anda en burro, dijo Casimiro, ayer mismo
atropellaron al Tarcisio y la semana pasada a la Rudesinda. Seguimos
a paso tranquilo hacia las nieves cuando un sonido ensordecedor nos
hizo voltear. Vimos volar por los cielos a Remedios, que en menos de
lo que canta un gallo, calló encima de Cándido, dando al traste con
la única bola de cristal que teníamos. Desde entonces el futuro es
realmente incierto para nosotros.
martes, 12 de marzo de 2013
Intentando adivinar los tipos de letras se me ocurrió este cuento breve que ya compartí en facebook, pero siento que el blog es más íntimo...porque pocos lo leen, jaja
La
primera vez que tienes un elefante en casa y ahora no quieres jugar
con él. Así dijo mi tía Romelia, cuando entró a la cocina y vió
sentado a Policleto, quien levantaba su trompa, mientras la mía se
paraba de rabia porque no quería jugar con él. Tenía toda la
razón, pero yo en ese tiempo era muy mulo. Así que perdí la
oportunidad de mi vida, porque unas horas más tarde llegó Don
Tiburcio a preguntar si de pura casualidad no había llegado un
elefante pequeño que se había escapado del circo. Yo le dije que
sí, que ahi estaba su mugre elefante en la sala, pisando mi
trenecito, que por supuesto ya no era tal. Policleto salió por
donde entró, sin siquiera despedirse de mí, que en mi tonto enojo
infantil, no pude vislumbrar la rareza de tener un elefante en medio
de la sala de mi casa.
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