
Este mar de la noche, cuyas olas son vaivén de insomnio,
Nocturna, mas no funesta, de noche mi pluma escribe, pues para alabanzas, hora de Laudes, elige. S. Juana Inés de la Cruz

No tengo remedio ni tengo el remedio,
levanto diariamente este cuerpo,
hablo y río,
no tengo remedio ni tengo el remedio,
escapo del silencio en el ruido urbano,
en esta tarde habitualmente polvorienta.
No hay urgencia porque no hay remedio,
y entonces decido respirar sin darme cuenta,
y restituirme el aliento con una taza de café;
decido que la carcajada puede romper amarguras,
tumbar tristezas a moquetazos,
no lo sé realmente, pero lo intento.
No tengo remedio porque no quiero,
porque ni tengo el tiempo ni el humor.
Con una sonrisa me valgo bien,
con una palabra amable la puerta nunca se cierra;
entonces ¿para qué curar esta enfermedad?
Se puede alentar sin perder el aliento,
se puede dejar la cordura sentadita en el excusado,
y fumarse bocanadas de placer a las 6 de la tarde.
Se puede estar sin estar en cada día de la vida,
por eso yo prefiero no tener remedio,
tener la licencia de viajar aunque esté contigo,
de reir aunque una lágrima se me esconda en el pecho;
Se puede tanto como se quiera,
sólo porque no tengo remedio.
En este invierno soleado,
reclamo aire, pájaros y grillos,
todo se convierte en lujo,
y el silencio se muere de ruido.
En este año que termina,
a veces el corazón lloró,
y la mente terca, dale que dale, va por mil caminos;
noche y día es un martillo habitual:
hasta el fondo se inoculan imágenes, aromas y roces.
Hasta el fondo una lágrima furtiva te cubre las entrañas.
En este diciembre se reencuentran caras,
los gestos siguen ahí,
la bondad quiere encontrar un espacio
por si se duerme el egoísmo,
por si cede la avaricia;
por si, en un momento de debilidad,
la crueldad cede asiento a la misericordia.
En este día, con el sol sombrereando el horizonte,
un año nuevo intenta su paso,
un año nuevo que puedo alcanzar.
En este día los planes no son papel ni letra muerta,
son respiros constantes,
risas absurdas y sanadoras,
domir y despertar;
vivir al margen de la tristeza,
asunto tan imposible
como la eterna alegría.
En esta tarde, el pecho se inflama de inefable esperanza,
sin motivo alguno, sin dirección exacta,
esperanza en el minuto diario,
en colores de campo,
en ojos que laten como corazón en rumba,
en palabras que ven el fondo del alma.
En esta tarde sólo hay que vivir,
y mañana.... mañana también.
